
Aunque las cirugías estéticas son cada vez más comunes en distintas partes del mundo, hay países que han decidido regularizarlas para tener un mejor control, sobre todo cuando se trata de menores de edad.
Lo sorprendente es que uno de los países más reconocidos por su industria de la belleza ha dicho “no más”.
Se trata de Colombia, un destino popular para quienes buscan someterse a procedimientos estéticos por su calidad médica, precios competitivos y reputación internacional. Y es que, desde 2016 el país tomó una postura firme, en la que prohibió por ley las cirugías estéticas en menores de edad, sin importar si cuentan con el consentimiento de sus padres o tutores.
De acuerdo con los datos de Colombia Diversa, la “Ley 1799” de 2016 busca proteger la salud física y mental de niños, niñas y adolescentes, al evitar que se sometan a procedimientos que podrían tener consecuencias irreversibles. Esta medida responde tanto a la creciente presión estética como a los riesgos médicos que implican estas intervenciones a muy temprana edad. Sin embargo hay algunas excepciones que están permitidas
La ley contempla algunas excepciones, permitiendo intervenciones sólo si:
- Se trata de cirugías reconstructivas por malformaciones congénitas o secuelas de accidentes.
- Hay una justificación médica o psicológica certificada por profesionales de la salud.
- Se realizan procedimientos no invasivos como depilación láser o tratamientos dermatológicos superficiales.
Además, el procedimiento debe contar con la debida evaluación y autorización por parte de las autoridades sanitarias del país.

Un hecho inesperado en un país de belleza
Lo llamativo es que esta regulación proviene de uno de los epicentros mundiales de la cirugía plástica. Colombia ha sido por años un referente en el sector, atrayendo incluso a pacientes extranjeros. Por eso, para muchos fue sorprendente que justo este país decidiera cerrar la puerta a los menores en este ámbito.
Si bien otros países también han adoptado ciertas limitaciones, la decisión colombiana resalta por el contraste entre su fama estética y su legislación protectora.
Esta medida no sólo regula un sector con fuerte presencia económica, sino que también invita a replantear el papel de la belleza en edades tempranas y la importancia del consentimiento informado y responsable.